lunes, 24 de noviembre de 2014

MARCA ESPAÑA














Marca españa es una política de Estado [...] cuyo objetivo es mejorar la imagen de España [...] con un fin, principalmente, económico. El R.D. 998/2012, de 28 de junio, creó la figura del Alto Comisionado del Gobierno para la Marca España, a quien compete la planificación, el impulso y la gestión coordinada de las actuaciones de las Administraciones Públicas, de los organismos públicos de ellas dependientes y de cuantas entidades públicas y privadas protagonizan y están implicadas en la promoción de la imagen exterior de España en los ámbitos económico, cultural, social, científico y tecnológico.


¿Por qué en un blog de psicología hablo de la "marca España"?

Voy a intentar responder a esta pregunta con otra pregunta:

¿Por qué no utilizamos, en su lugar, la palabra "nación"?


Aquellos que apoyan aquella política, probablemente, responderían que son cosas totalmente distintas: mientras que la palabra "nación" refiere el conjunto de habitantes de un país, "marca España" es un tipo específico de acción estatal. Pero, ¿no somos los habitantes de España -nación- quienes realizamos la acción estatal? Entonces, la "nación" hace posible la noción "marca España" (aunque el todo sea mayor que el conjunto de sus partes, sin partes no existe la posibilidad de crear un todo mayor).

A pesar de su mayor grado de inclusividad, la palabra "nación" está dando paso, por des-huso y ab-uso, a la palabra oclusiva "marca". Este cambio conceptual es muy dramático porque supone la consolidación de la modificación cualitativa del paradigma vigente y, por lo tanto, de cómo considerar al ciudadano, la nación y su propia actividad. Si España es una marca, entonces estamos marcados.

"Marca" es una palabra asociada a la palabra "empresa". Entonces, expuesta la idea de forma sencilla, el concepto "marca España" concibe a España, principalmente, como una gran empresa -empresa de empresas. Técnicamente hablando, un grupo empresarial.

Si España, principalmente, es un grupo empresarial nosotros somos, principalmente, trabajadores, no personas. Mi alerta reside en este reduccionismo evidente, que toma la parte por el todo, haciéndo casi válida la siguiente igualdad:

persona = trabajador

El trabajo -para quien lo tenga- es, y debe ser, una parte más de la persona y no su componente principal. Concebir la anterior igualdad como paradigma político supone, como ya he comentado, un tipo de reducción inadmisible cuya aspiración idealiza un mecanicismo racionalista y racionalizante.


Otra forma de SER es posible.